Las pequeñeces y lo increíble en los grandes

EMILIO CENTURIÓN

por Antonio Chiavetti


 

En el año 1937 cursé el cuarto año en la Escuela Nacional de Arte, que estaba a cargo del notable maestro y artista plástico Emilio Centurión; teníamos como modelo a Amanda, que también posó para el maestro para su obra "Venus criolla", con la que obtuvo el Gran Premio Nacional (1935) y que desde entonces pertenece al Museo de Bellas Artes. Creo que es importante dedicarle un espacio en esta nota a la Escuela Nacional de Arte, "el templo del dibujo", como se la llamaba a raíz de que allí durante cuatro años regulares, más uno libre de examen general, se estudiaba dibujo, además de anatomía completa: huesos, músculos, movimientos, anomalías, etc., con médicos como profesores.
En cuanto a las clases de geometría, perspectiva y proyecciones tuvimos como maestros a un arquitecto y un ingeniero, y en historia del arte a nuestro inolvidable maestro, poeta y crítico de arte Fernán Félix de Amador, con sus magníficas clases ilustradas, desde la prehistoria hasta los días de entonces, a las que asistíamos con verdadero entusiasmo.
En primer año, en dibujo, tuvimos al maestro Miguel Petrone; en segundo a Octavio Fioravanti; en tercer año a Jorge Larco, y en cuarto a Emilio Centurión.
A fines del quinto año, que era libre, teníamos que rendir el examen general para egresar como Profesor Nacional de Dibujo; la mesa examinadora estaba formada por Emilio Centurión, Lino Eneas Spilimbergo y Pío Collivadino. La Escuela Nacional de Arte funcionó en la calle José Evaristo Uriburu 950 de Capital Federal, desde el año 1927 a 1938. Su creador fue el escultor Hernán Cullen Ayerza, que la dirigió hasta 1932; en 1933 asume como director el pintor Ernesto Riccio, hasta 1935, y Cayetano Donnis hasta fines de 1938, año en que se fusiona con la Academia de Artes Decorativas de la Nación para formar la Escuela Nacional de Bellas Artes Manuel Belgrano; a fines de 1942 se agrega la Escuela Nacional de Bellas Artes Prilidiano Pueyrredón.
Continuando con más contactos con el maestro Emilio Centurión testimoniaré algunos que quedaron imborrables en mi memoria. Durante el año 1937, de marzo a diciembre, todos los días de lunes a viernes de 19 a 21, un grupo de nueve muchachos tuvimos el privilegio de recibir sus enseñanzas para lograr un buen dibujo (desnudo casi tamaño natural), en carbonilla con modelo vivo. Centurión hablaba poco y rara vez tomaba la carbonilla para hacernos entender alguna de sus explicaciones. Era tan claro y tan eficaz que realmente fue un placer ser alumno suyo; recuerdo que comentaba con mis compañeros cómo esperábamos que pasaran las horas para estar en clase con ese verdadero maestro. A partir de 1938 dejé de verlo, hasta que en 1944, a raíz de una exposición que organicé en el Círculo Médico del Oeste, lo invité a participar.
Fue tal el éxito de esa muestra que los expositores y tres críticos, Julio Payró, Romualdo Brughetti y Jorge Romero Brest, el día de la inauguración me entregaron un catálogo con dedicatoria de los expositores al pie de la reproducción de sus obras. La de Centurión dice: "Al amigo Chiavetti en recuerdo de la magnífica muestra realizada con tan buen criterio de selección y organización -E. Centurión- 2/6/45"-. Un par de años después, siendo director del Salón Peuser, lo invité a que realizara una exposición, y como respuesta me invitó él a su vez a que lo visitara en su taller de la Av. Belgrano, donde me mostró sus últimos trabajos, en los que se había propuesto un cambio consistente en lograr síntesis y casi abstracciones en algunos casos.
Ante mi sorpresa, me explicó que el artista en determinado momento y especialmente en la madurez debía hacerse nuevos replanteos para no caer en la producción, en lugar de continuar la búsqueda de nuevas perspectivas, nuevas formas de expresarse, agregando que no había aceptado mi invitación a exponer porque aún no estaba seguro de haber logrado su objetivo. Salí de su estudio tan sorprendido que caminé varias cuadras por la Av. Belgrano pensando en la ejemplar lección de grandeza y modestia corporizada en ese grande que a los cuarenta y dos años, más o menos, y después de haber logrado todos los premios y todos los honores con sus obras, pensó con entusiasmo juvenil que se podía ir más allá y lograr algo más. Varios años después, creo que fue en 1955, en una de las recorridas que hacía por las galerías, a la hora de la siesta, en que era posible ver exposiciones con tranquilidad, entré en la Galería Witcomb. En la primera sala se exhibían obras de trastienda de pintura española de fines y principios de los siglos XIX y XX, y en la quietud de esa hora, completamente solo, me paré frente a una obra de Salvador Sánchez Barbudo (pintor español, nacido en Jerez de la Frontera, Cádiz, en 1857, y muerto en Roma en el año 1917), de más o menos 60 x 80 cm: un patio morisco, en el que había una increíble cantidad de personajes con sus ropas típicas y con infinidad de detalles, también en la arquitectura y los mosaicos, en forma tan abrumadora que realmente estaba completamente abstraído pensando en semejante laboriosidad. Fue en ese momento cuando siento, casi pegada a mi oído, una voz que dice "Cuánto trabajo al?", que me sobresaltó; cuando me doy vuelta compruebo que quien había emitido ese juicio tan lapidario era el maestro Emilio Centurión. Lógicamente nos reímos un rato, fuimos al bar de la esquina de Florida y Viamonte a tomar un café, y allí me explicó el porqué de su juicio tan demoledor sobre la obra de Sánchez Barbudo, y además amplió su teoría sobre la obra de arte, que ya me había explicado en su taller. Al requerir mi opinión, le dije que no obstante parecerme "saludable" ese rompimiento con lo anterior como intención de búsqueda, era evidente que su gran obra y la que a no dudarlo iba a trascender era la realizada con anterioridad a esos ensayos abstractizados. El tiempo transcurrido ?"juez inexorable"? me dio la razón. Considero para terminar que debemos dar un vistazo a su currículum: Emilio Centurión, nació en Buenos Aires el 14 de julio de 1894. Concurre al taller de Gino Moretti, siendo adolescente, y en 1911 expone en el primer Salón Nacional; en 1920 obtiene el Primer Premio, a los veinticuatro años, y el Gran Premio Nacional a los cuarenta y un años con su obra "Venus criolla". En 1928 viajó a España, Francia, Italia, donde durante varios años frecuentó el más alto nivel de la actividad de las artes plásticas. A su regreso, y durante un largo período de su vida, se dedica a la enseñanza en las Escuelas Nacional de Arte, Superior de Bellas Artes Ernesto de la Cárcova. y posteriormente en la Escuela Nacional de Bellas Artes Prilidiano Pueyrredón, y en la Escuela Nacional de Bellas Artes de la Universidad de La Pampa. Alternó esa actividad con su producción artística. Expuso en el Salón Nacional, desde 1911 a 1939. En 1926, en la Exposición de Arte Moderno de Milán. En 1932, en la Exposición Internacional de Venecia y en la Exposición Carnegie, de Pittsburg. En 1933 en la Exposición de Pintura Argentina en Roma, Milán y Génova. En 1937 en la Exposición Internacional de París, y 1939 en la Exposición Internacional de Nueva York y San Francisco, y en la exposición Internacional de Viña del Mar, Chile. En 1940, en el River Side Museum de Nueva York. Fue un gran maestro y un orgullo de nuestras artes plásticas.
Falleció en Buenos Aires, a los setenta y seis años, el 26 de diciembre de 1970.

 

"Bañistas" (Óleo, 055 x 0.65)

Emilio Centurión

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 


 


 

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